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Es amor a primera vista

 Este post será el más corto de todo Flavadas, solamente superado por el de la computadora china ensamblable. No tengo mucho que decir con respecto al tema, pero quiero decirlo.

Hace un tiempo, como todos saben creo. Me la paso sufriendo por un amor imposible, por un amor que nunca lo fue. En fin... sucede que este viernes decidí darme un respiro, salir sola, pasear por Lima, uno de mis lugares favoritos en el mundo. No se me ocurrió mejor idea que ir por unos deliciosos churros de la Virgen del Carmen, los más deliciosos de todo Lima, como lo mencioné en el paseo en el Jueves Santísimo.  Dos fueron suficientes para aplacar momentaneamente mi voraz hambre. Continué mi recorrido y me dieron ganas de ir por unos libros, unos buenos. Recordé que hacía tiempo que deseaba leer unos de Sade, para eso no sabía la travesía que me aguardaba la tarde. 


Llegué a unas galerías donde pocas veces había entrado, ya que tenía mis caseritos y huecos favoritos, pero la curiosidad pudo más y me atreví a entrar. Caminé algunos pasos, mientras les relato esto me percato que es muy dificil que me acerque a la primera tienda que  veo, esta vez me detuve en la segunda tienda no me fijé en el vendedor, mi vista se clavó en los libros, empecé a esculcarlos, a observalos... a desearlos

Cuando iba a preguntar, aunque no tenía la menor idea de qué, llegó un grupo de jóvenes con pinta de metaleros, y preguntaron por algunos libros de Ann Rice, al parecer no había lo que pedían. Luego de que el vendedor, a quien hasta el momento no había mirado, les prometió conseguir lo requerido uno de los jovenes aseguró retornar por el pedido e invocó una vez más al vendedor no olvide el encargo. 

Es cuando llegó mi turno, tenía que preguntar algo, no me podía pasar la tarde como una tonta mirando los libros... Lo miré y no me llamó la atención en lo más minimo. Teniendo en cuenta que se trataba de un vendedor de libros como cualquier otro, no me sentía lo suficientemente ataviada como para gilear, estaba despeinada (como una leona), casi nada de maquillaje, un chaleco negro de lana  (que acentuaba mi actual marcada cintura, por mi delgadez), un polo crema largo, unos jeans super apretados y mis converse negras de cuero. Así que lo miré con infinitas ganas de saber si tenía el libro que "buscaba" y nada más que eso.

Lo primero que se me vino a la mente fue aquel libro de Beckett que me recomendaron hace algunos meses, el cual nunca busqué. Le mencioné el autor y de inmediato me dio algunos títulos de otra obras de ese autor, pero ninguna era la que buscaba. Mientras él me iba mencionando, recordé lo más cercano al título del libro y como tanteando logró encontrarlo. El libro no estaba en buen estado, así que el precio me resultaba muy conveniente.

Iba por poesía, así que poesía tenía que pedir. Me señaló el lado donde estaban los textos poéticos. Los miré y reconocí a varios autores, pero yo iba por algo nuevo, le pregunté por Frisancho o Wislawa, no tenía. Eso no lo venció y me mostró un compilatorio de la obra de Luis Hernámdez Camarero, recuerdo haber leido algunos de sus poemas incluso en una revista leí sobre su vida. Me gustó la iniciativa del joven, desde ese momento no dejó de mostrarme libros y de aconsejarme algunos.

Me agradaba que me sorprenda. Mencionó libros y autores que en mi vida he escuchado. De este sí había oido vagamente, pero prefería hacerme la ignorante para que me dijera lo que sabía era acerca de Coetzee y La Desgracia, un libro que le fascina, según me cuenta. Era tanto mi interés por los valiosos datos que me proporcionaba, que no dudé en pedirle algo para apuntar todo lo que me decía, pues reconozco que la memoria es frágil, aun siendo joven.

Lo miraba fijamente, hablaba con él, pero tampoco quitaba la firme mirada a los libros, leía fragmentos que me recomendaba, su compañía era muy agradable, cuando sentía que debía irme, él retomaba otro tema, era su manera de decirme que me quedara. Luego empezamos a opinar sobre autores, es que la literatura me apasiona a tal punto que pierdo la noción del tiempo, así las horas trascurrieron.

La gran compra fue de la obra completa de Charles Baudelaire bilingue Las flores del mal, L'amant de Marguerite Duras y Esperando a Godot de Beckett. Los tres libros a un súper precio, que me reservo la mención. Cuando se cerró el trató, estaba convencida que era hora de partir, no fue así, era el momento de decidir qué libros compraré en mi próxima visita. Me comprometió a comprar un ensayo sobre la muerte, del cual leí algunas páginas y me pareció muy interesante, un libro de Fromm y por supuesto por el que venía primigeniamente: el de Sade.

De repente estabamos hablando de nuestras vidas, de nuestras desventuras amorosas, de nosotros...Entonces volveré a verlo, me imagino que será el próximo fin de semana, en la víspera de mi cumpleaños, ya sé su nombre y su edad me encanta. Pensé que sería corto el post, se me pasó la mano.

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